martes, 18 de noviembre de 2008

bibliografia de analisis personal 2


Los riesgos de la "hipereducación" de los hijos


Manejan una gran cantidad de información y buscan ser perfectos. Los padres de hoy están enfrentando la crianza con una alta dosis de exigencia y ansiedad. Eso los lleva a escucharse poco y no seguir sus instintos. "La maternidad y cómo formar familia son dos cosas que se desnaturalizaron", asegura una experta. Por Daniela Mohor W. Ilustración: Francisco Javier Olea.Paula Estévez tuvo claro desde antes de ser mamá, cuáles serían los pilares de la educación que les daría a sus futuros hijos. "Sabía que no quería jamás mentirles y siempre cumplirles mi palabra. Que si yo les decía la mamá vuelve, supieran que iba a volver y no arrancarme en la mañana a escondidas y cosas así. Lo había pensado antes de embarazarme cuando reflexionaba sobre el tipo de madre que quería ser. Mi meta era que mis hijos fueran niños seguros, y sabía que eso se basa en la formación en la temprana edad", cuenta Paula, quien tiene hoy dos niñitas, Amelia y Blanca, de 4 años y 15 meses, respectivamente.Cuando nació la mayor, no perdió de vista ese objetivo y entonces, cuenta, las exigencias sólo se fueron sumando. "Partió desde el embarazo. No tomé nada de alcohol ni medicamentos y me cuidé mucho de no pasar malos ratos para no afectar a la guagua, y cuando nació la Amelia me vino una cosa muy intransigente conmigo misma, esto de querer hacerlo muy bien: apliqué esto de no mentirle, siempre cumplirle, pero también, por ejemplo, dejé de hacer gimnasia porque me daba miedo que le pasara algo mientras yo no estaba. Fueron muchas exigencias que me fui autoimponiendo y que no sé bien de dónde vienen, porque mis papás eran muy relajados".Paula Estévez (35 años, casada, ingeniero ambiental) es una buena representante de una tendencia que está generando debate en el mundo de la psicología: en Francia los expertos hablan de "la pedagogización del vínculo madre–hijo" y en Estados Unidos ya han se han publicado numerosos libros sobre el "overparenting", también llamado 'death-grip parenting' o "hothouse parenting", entre otros. La idea es la misma, sea cual fuere el nombre que se le pone al fenómeno: hoy, más que nunca antes, los padres de familia, y sobre todo las mamás, enfrentan la crianza con un altísimo grado de exigencia y ansiedad. Viven con el afán permanente de hacerlo todo lo mejor posible, de tener hijos sin "fallas", exitosos, felices, saludables y que vivan sin frustraciones. Para lograrlo se basan en consejos de psicólogos y pediatras, en libros de autoayuda y en todo el material pedagógico y de estimulación que encuentran a disposición - desde los DVD Baby Einstein y los masajes infantiles en los primeros meses de vida, hasta los juguetes inteligentes, las clases particulares con parvularias o de apoyo escolar cuando crecen. Paradójicamente, esa búsqueda de perfección en la educación de los hijos, generalmente, no lleva al resultado esperado. Pues muchas veces se acompaña de una creciente dificultad para ponerles límites a los hijos y un alto grado de angustia tanto en los progenitores como en los pequeños."Estamos frente a un cambio de era en que el impacto de las tecnologías, de la psicología y la sociedad de consumo ha calado fuerte en la forma en que se dan hoy las relaciones familiares. Eso ha implicado una adaptación de parte de los padres, y producto de ello estaríamos ante la generación de papás más dedicados a los hijos de la historia, pero más perdidos y confundidos también. Es la primera generación de padres que tiene conciencia del impacto de sus actos en los niños, lo cual si bien es un aporte también tiene el inconveniente de producir una inseguridad básica en el ejercicio del rol paterno", explica Anneliese Dörr, psicóloga clínica y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.El efecto de la sobreinformaciónSegún los especialistas, esta tendencia estaría muy vinculada con la mayor incorporación de la mujer al mundo del trabajo, con la llegada de la llamada "professional mom" o "super mom" que tiene que asumir la doble carga profesional y de su hogar y enfrentar una sobreexigencia que la lleva a sentir que tiene que ser perfecta en todo. Como no puede estar en todos los ámbitos a la vez, esta mujer buscaría compensar su ausencia durante el día, concentrando las actividades pedagógicas y los mandatos educativos en el poco tiempo que le queda después de la jornada laboral. Y por otro lado la culpa le impediría normar adecuadamente a sus hijos. "Por un lado se encuentra esta sociedad individualista y de consumo, donde tienes que trabajar, cumplir como madre y esposa y realizarte profesionalmente. Y por otro lado está la tarea de ser padres, sin tener un modelo claro de cómo hacerlo. Y las mamás que trabajan muchas veces buscan suplir la ausencia llenando a los niños de actividades extraprogramáticas. Si éstas motivan al niño en las áreas que más le gustan, sobre todo en la edad en que el cerebro es una esponja es muy positivo, pero hay que ser razonable respecto a cuántas actividades inscribes a los niños", dice Anneliese Dörr.Aunque la inclusión laboral de la mujer pueda tener que ver con el "overparenting", ésta no sería la única causa, ya que también se da entre el número creciente de mujeres profesionales que optan por dejar su vida laboral de lado parcial o totalmente para dedicarse a la crianza. La revista "The New Yorker" publicó hace pocos días un artículo sobre el tema refiriéndose al nuevo libro de la editora de la publicación norteamericana "Psychology Today", Hara Estroff Marano. En su publicación "A Nation of Wimps: the High Cost of Invasive Parenting" (algo como "Una nación de débiles: el alto costo de la crianza invasiva"), la autora identifica distintas razones para el fenómeno. Entre ellas estarían la inseguridad ambiente que se estableció con la llegada de la economía global y sobre todo la publicación en los '90 de muchos estudios que destacaban las ventajas de la plasticidad del cerebro de los niños. En ella se hablaba de que si bien el cerebro del niño es, en parte, el producto de los genes, éste sería sólo la materia prima, ya que después del nacimiento, el cerebro es "esculpido" por la experiencia del niño y por la cantidad de estimulación que recibe, sobre todo en sus primeros años de vida.En Estados Unidos, la investigación sobre la plasticidad del cerebro de los pequeños dio pie a todo tipo de argumentos. Uno de los más cuestionados fue quizás el del doctor Terry Brazelton, un popular experto en crianza en Estados Unidos, que llegó hasta argumentar que si las mujeres no se quedaban en la casa con sus niños, al menos durante su primer año de vida, corrían el riesgo de criar a futuros "terroristas".Sin quedarse con este ejemplo extremo, los expertos coinciden en que en las últimas décadas ha habido una popularización de la psicología que ha influido en los padres y los ha llevado a cambiar intuición y sentido común por conocimiento racional, desconectándose así de sus necesidades más básicas y de las de sus hijos.Lorena Lüders, una de las tres psicólogas que creó La Ronda, un grupo de apoyo que busca ayudar a las madres a vivir más plenamente la maternidad, olvidándose de las idealizaciones y mandatos sociales existentes, comenta: "Hoy la maternidad está más retrasada, uno tiene menos niños de los que tenían las personas antes, entonces todos los ojos están puestos en cada hijo. Y además, de alguna manera se está más distante de los propios padres. Antes, quizás, las mamás confiaban más en sus propias madres, pero ahora ellas no son necesariamente un referente, entonces se usan parámetros más externos: por ejemplo, que escuchó que a los dos años hay que sacarles los pañales a los niños, que el pediatra dice que no tienen que usar chupete, etc... Y de alguna manera se pierde la conexión con lo que uno siente que es bueno para ese niño en particular. Por eso en estos grupos nos interesa que la mamá empiece a validar más sus propios recursos".Mariela Juejati, una de las psicólogas socias en esos talleres de apoyo a la crianza, agrega: "La sobreinformación, el tema de que el conocimiento está puesto ahora en que el médico es el que sabe ha provocado que la gente se vaya despojando de su propio saber; la maternidad y cómo formar familia se desnaturalizaron".El doctor Enrique Jadresic, experto en psiquiatría de la mujer de la Clínica Las Condes, coincide en que lo racional le está ganando a lo innato e invita a las madres a confiar más en su instinto. "Las madres ahora saben más de la maternidad y sus potenciales problemas que antes. El reparo que se puede hacer es que muchas veces es más un conocimiento teórico que práctico. Hay que darle cabida a la espontaneidad; cada mujer debe escuchar lo que su propio cuerpo de embarazada o puérpera le dice. La naturaleza es más sabia de lo que creemos; hay una cosa biológica y psicológica muy fuerte a la cual hacerle caso. Los libros, las charlas, son un buen complemento, pero no un fin en sí mismo".Rescatar el sentido comúnEl problema, aseguran los especialistas, es que seguir tantas normas externas llena de inseguridad y, además, limita la capacidad de gozar de la maternidad.Eso es lo que le ocurrió a Paula en los primeros años de vida de Amelia. "Con la Ame, no disfruté mucho hasta que tuvo tres años. Estaba angustiada, confundida, agotada. Este rol de mamá superpoderosa agota. El tema de la lactancia se me hizo muy pesado. Le di siete meses y también fue una autoexigencia porque te dicen que la leche materna es mejor, y que pueden pasar puras cosas horrorosas si no lo haces. Después estaba lo de la televisión, que hace mal. Yo no quería que la Amelia viera televisión, pero eso implicaba estar jugando mucho más rato con ella", cuenta Paula.También hubo momentos en que Paula dudó de sus propias opciones: "El no transar conmigo misma a veces era como una trampa que me hacía. Nosotros, con mi marido, siempre tratamos que la Ame escogiera por ella misma y asumiera sus responsabilidades, pero con eso de preguntarle y explicarle todo me metí a veces en situaciones de las que no sabía cómo salir. Por ejemplo, yo siempre le preguntaba ¿quieres peinarte? y la primera vez que me dijo que no, me desesperé. Teníamos que irnos al colegio y pensé ¿qué hago ahora? Yo misma me metí en esto entonces ahora no puedo agarrarla de un brazo y decirle ¡Te peinas! Porque tengo que ser consecuente. Entonces empecé a decirle: tú escoges, o te peinas o no vas al parque. Costó un tiempo llegar a eso y hubo un período en que sentí que mis principios se habían dado vuelta contra mí".Paula también se ha preguntado en varias oportunidades si con su objetivo de no mentir no le ha entregado a Amelia más información que la que puede asimilar a su edad. "De repente la veo como una grande y es tan chica, y no sé si es porque nosotros hicimos eso o si es por su personalidad. Una vez una amiga me dijo: ¿no sientes que la Ame disfruta poco? La encontraba muy rígida, muy poco gozadora. Y justo ayer estuvo enferma de la guata entonces le expliqué que para estar mejor sólo tenía que comer galletas de agua. En la tarde cuando la fui a buscar al colegio, las tías me contaron que habían celebrado un cumpleaños y que no había querido comer torta. Y yo me quedé pensando ¿estará bien? ¿No la habré sobreexigido? Con la Blanca ha sido muy distinto. La base es la misma en los principios, pero estoy mucho más relajada. Siempre con el mayor uno se golpea, entonces, con el menor, las cosas salen más fáciles".Soltar un poco las riendas es justamente lo que los especialistas invitan a hacer. "A veces, la obsesión de algunas madres les juega en contra y, por su afán de ser perfectas, terminan siendo sólo regulares. En cambio, hay otras que no aspiran a tanta perfección y lo hacen mejor porque enfrentan la maternidad más relajadas", explica el doctor Jadresic.Milena Artero, la tercera psicóloga creadora del grupo La Ronda, cita la frase que el experto argentino Juan Miguel Hoffmann usó para titular su libro sobre crianza. "Se llama 'Los árboles no crecen tirando de las hojas', y ése es un poquito el riesgo de esta tendencia a hipereducar. Los niños necesitan padres que estén bien, y eso significa que no vivan todo el tiempo exigidos y agobiados, porque esas exigencias se traspasan a los niños. Ellos sienten, intuyen, una situación forzada. Hay que entender que no hay recetas únicas y que no se trata de ser perfecto. Cada mamá sabe mejor que nadie cómo ser mamá en el vínculo con su propio hijo. Por eso tienen que volver a descubrir sus propias capacidades y valorarlas". ya"Las madres ahora saben más de la maternidad y sus potenciales problemas que antes. Pero muchas veces es más un conocimiento teórico que práctico. Hay que darle cabida a la espontaneidad", explica el psiquiatra Enrique Jadresic."La sobreinformación, el tema de que el conocimiento está puesto ahora en que el médico es el que sabe, ha provocado que la gente se vaya despojando de su propio saber; la maternidad y cómo formar familia se desnaturalizaron", dice la psicóloga Mariela Juejati.
Daniela Mohor W..





Análisis

Bueno estoy en completo de acuerdo con el texto, no he sido madre aun pero si me pregunto como seria o como me gustaría ser, y siempre los papas están tratando de hacer las cosas bien, de manejar todas las situaciones, pero yo no creo que nadie te enseñe a ser padres eso es algo que se da genéticamente aunque existan una gran variedad libros, sicólogos, pedagogos que te orienten el rol de padre es particular y uno tiene que hacerlo como se sienta mejor y vea que se logra lo esperado como dice el articulo ahí veces que los frutos no son los mas esperados, es por eso que uno de los secretos es no cegarse como padres y decir mi hijo no es así.
Ahí que ser realistas y así como no ahí padres perfectos hijos tampocos y uno tiene que saber llevar esas dificultades de crianzas, si bien los padres están mas preocupados de sus hijos en relación a años anteriores pero tampoco pueden ponerse una venda y querer sacar al niño del circulo social, al contrario ellos deben incorporarse a este, y criarlo desde esta forma.
Estamos en un país que cada día se esta renovando y la niños nacen y viven esos cambios, tal vez sea uno de esos los motivos que los padres vivan confusiones.
Hoy en día los padres tienen que preocuparse y ser responsables de sus actos porque el niño esta conciente de todo y puede que sea un ejemplo a seguir o a reprochar.
En conclusión puedo decir que el rol de los padres con la influencia externa pasa de ser agradable a una preocupación ya que deben de estar preparados a diversas situaciones, si bien los padres siempre van a ser padres también son amigos, comunicadores, generadores de recursos y los niños no son quien para juzgar.
Pero tampoco es la idea que el rol de los padres se convierta en un reglamento que se deba seguir, la mejor metodología es ser democráticos, exigir mucho no es correcto pero tal vez hacer que el hijo sienta proyecciones o se incentive por lograr cosas de forma voluntaria es mejor que interponer algo.
Ahí que darle cabida a la espontaneidad, se producirá un dialogo mas informal y mas confiable. Lo que ayudara a mejorar la comunicación

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